Genealogía

Desde lla infancia mi abuelo paterno me eseño que pensar la historia era al mismo tiempo pensar la familia, que las grandes ruedas del tiempo se hacen con la materia de las historias personales. Que las primeras, no tienen importancia ni veracidad, son como en la estadística una suma de dispares de las cuales se obtiene un promedio y se obtienen patrones. La genealogía para mi es la concatenación de micro historias. Cada generación empieza en un punto dado, donde recibe la estafeta del anterior y la transmite a otro ser vivo al momento de su muerte. Algunos se dedican a perpetuar proyectos anteriores, otros los repudian, o huyen, o se desplazan, o simplemente se olvidan. El olvido transgeneracional es esencial para entender al mundo y al presente. Casi todos conocemos a nuestros padres, muchos de nosotros a nuestros abuelos, algunos conocemos a nuestros bisabuelos, y en ocasiones cuasi milagrosas, conocemos a nuestros tatartabuelos. ¿Es la ausencia de nuestros predecesores suficiente para el olvido? Es El desinterés, la falta de tiempo, la ocupación mundana? Hay secretos que preferimos olvidar, también. Hay cosas que experimentamos desde hace generaciones, y quisiéramos a veces que los siguientes no tuvieran nuestros problemas, nuestra visión, nuestro tiempo.
Pero también está la materia. El soporte que testifica la vivencia, hecho de pergamino, papel, cuero, en rollos, encuadernado; sobre el cual, la tinta se pega como con deseo de irse, de desaparecer, de no dejar la información de la cual fue intencionada huella, un deseo metafísico de evaporarse, pulverizarse hasta finalmente desaparecer del todo.
La memoria humana confiada a ese líquido tan voluble, tan irresponsable. Si lo viéramos de manera transtemporal, es como escribir con agua sobre una piedra ardiente, o con el dedo en la arena entre la ventizca.
Otro problema, cuando no es el soporte, es nuestra capacidad y nuestras herramientas para interpretar lo que ya no sabemos leer. LA imagen sin implicaciones, o estas construidas a posteriori, a travez de los ojos y el alma de quienes no tienen referencias. Mente y manos que resignifican en el privilegiado continuum de la huella que permanece.
Entonces, desde pequeño, yo conocía con un límite ciertamente corto de generaciones; una masa de tinta papel y datos digitales, algunos micro filmados, otros simplemente fotografiados, otros simplemente hechos con el humo de las palabras, me esperaba como destino, y me acompañairía por archivos ocultos y libros en lenguas muertas hasta la ceguera al alba.

El asunto se puso interesante en más de una vez. Pero recuerdo muy bien la primera. Era el inviero de 2009. Yo vivía con amigos en un sexto piso del 10 de la rue Sainte Marthe en Paris. Revien terminaba la maestría en el Le Fresnoy y tenía por proyecto algun cortometraje que necesitaba un uniforme militar milanés de los principios del 1800. Yo no sabía como vestir al personaje, un vago tejido de alambres que no tenía nada mas que conjeturas dementes en su construcción.
Recordé que mi abuelo mencionaba a un militar milanés de los 1800 entre nuestros antecesores. Su nombre era Pietro Brondo.
Nevaba afuera, en la mesa de trabajo había yerba mate, jarra de agua caliente, botella de vodka y todo lo necesario para fabricar clopes de hachis, desde temprano hasta tarde.
Aparecían registros de épocas distintas, pero con el nombre adecuado. Oriundos milaneses de la época, con nombres no coincidentes; y en pocas palabras, ninguna información valiosa. Tal vez alguna seña de los antecesores judíos que portaban el apellido, pero no mucho más.
Fue desordenando las bibliotecas de varios continentes y los archivos históricos y religiosos, que consumaron mi decepción. Las botas pulidas y la banda pectoral roja, así como los motivos de los botones y las hombreras doradas, ya habían quedado muy atrás. Ya no buscaba al militar, sino a un mito difuso de la memoria de varias generaciones.
Al final de cuentas, sabiendo quienes antecedían y quienes procedían a mi eslabon perdido, tal vez podría finalmente ubicarlo en el tiempo y en el espacio.
En 2013 obtuve por fin fotografías de archivos parroquiales que mencionaban a antepasados míos recientes y que encadenaban perfectamente hasta llegar a Pedro Alcántaro Brondo Salas, del cual se tiene solamente algun borroso dato de su vida, pero que me permitió continuar desvelándome unos años.

Otro punto clave, fue el encontrar, después de tener un trazo de la linea padre-hijo sin abiguedades, llegar a la misteriosa desaparición de mi apellido hacia finales del siglo XIV. O mejor dícho se trataría en ese momento de su aparición y mi momentánea imposibilidad de continuar mi pesquisa, encontró un camino bien iluminado. El hallzgo era una acta que recogía la conversión del judío Samuel Alfaquim en Pedro Brondo, datada el 5 de agosto de 1391, en Palma de Mallorca, en consecuencia de las persecucuines a las juderías que ardieron en el verano de ese año en toda la península ibérica y otros territorios bajo control del reino de Aragón.

Hacia el 2015, la iglesia de los santos del último día, publicó la versión digital de cientos de miles de archivos, tanto de registros civiles, como religiosos y tantos otros. Para este momento, yo ya conocía el aragonés medieval y mi vida psíquica estaba en el siglo XIV en el Mediterráneo.

Un momento de revelación me hizo encontrar en un registro de transmisión patrimonial el vínculo que me une sin saltos generacionales conocidos, con los Nesiim, exhilarcas y gaones de la casa del Rey David, quienes habían vivido desde el exilio en Bagdad y posteriormente llegado al mediteráneo para convertirse en Alfaquines y prestamistas reales, hasta procrear a Samuelis Benveniste, Alfaquim del conde Nuño del Rosellón, quien lo llevaría a establecerse en Palma de Mallorca hacia el año 1226.

La problemática real de esto es que cientos o miles de genealogos a lo lñargo de siglos, han buscado relacionar su sangre directa por vía patrilineal hasta la casa real del Rey David, ya que segun las profecías, de esta casa vendrá el mesías.

En 2019 fui contactado por varios institutos genealógicos y de investigación genética de reputación variable, pero en general seria. Unos con la intención de obtener muestras de mi material genético, otros optimistas mesiánicos, y por supuesto, quienes me amenazan de muerte. Uno interesante, es el Libro Gruiness de los Records mundiales, quien espera prueba para darme el título por la línea genealógica más larga de la Historia, hoy considerada la del filósofo Chino Confucio con solo 88 generaciones. También la universidad hebrea de Jerusalem y la Universidad de las Islas Baleares, me han propuedto para culminar un trabajo meritorio de un doctorado honoris causa. Mi genealogía hasta Adan, Primer Hombre, comporta 138 generaciones conocidas hasta hoy.

Como parte de esta serie de trabajos, presento dicha línea genelógica, una serie de relatos basados en ancestros míos que representa distintos momentos de la historia, y algunas piezas artísticas que tienen que ver con el tema genealógico.

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Mario Brondo
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